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domingo, agosto 25, 2013
sábado, septiembre 18, 2010
Ay ombe, un Mango!
Una de las primeras cosas que me viene a la mente cuando pienso en volver a Barranquilla es un mango. Rico un boli de corozo ¿verdad? ¿un níspero, una ciruela, un mamón? Todo muy rico, pero lo que te espera en la puerta del colegio todo el año es la venta de mango. Si no lo compras te subes a un palo o te peleas con un vecino porque le tiras piedras en la terraza pero pa' coge'te un manguito. Si no, igual tienes un palito en la casa que después de pocos años de sembrado ya te está dando mango y bajito. No se me olvidarán nunca todas aquellas tardes de sábado en las que mi padre llegaba de Galapa con un bulto al hombro (o dos) lleno de mangos recogidos de más o menos de 10 palos y, los mejores, del suelo. Los consumíamos frescos con mi abuela quien se sentaba con su palangana, quirúrgicamente cortaba y se comía la "pipas" y dejaba la semilla pa' que le "diéramos muela" nosotros; lo que quedaba se volvía jugo durante el resto de la semana. Ay ombe, un mango.Ahora bien, una cosa es un mango en mano y otra cien volando. Será que en Barranquilla tanto mango no da pa' negocio grande. Probablemente la mayoría de los mangos no son de Baranquilla sino de los municipios y departamentos aledaños. Así que por qué no explorar el mango como una realidad ambiciosa. En Europa por ejemplo la variedad de mango comercial es sólo una, el mango Osten, grande, sin fibra, aroma medio y de sabor, por lo menos para mí, débil. De los jugos de mango (todos de caja) que he consumido en España ninguno le llega en aroma y sabor por lo menos a los embotellados de Colombia. Seguramente los mejores vendrán de mezclar con pulpas de variedades de Filipinas, India y hasta Israel. Tenemos entonces los colombianos que buscar opciones, salidas, fortalezas y debilidades del cultivo de una fruta exótica y muy abundante que poseemos. YA EXISTEN ESTUDIOS donde se destaca el mango de hilacha o "Magdalena River" (que me resulta muy graciosa su nomenclatura en inglés) como idóneas para su comercialización internacional.
¿Blablá? Has un ejercicio; ve al supermercado y mira marcas y variedades de mermeladas ¿cuántas son de naranja, cuántas de fresa, cuántas de limón, cuántas de piña? ¿Hay de mango? Si hay de mango pruébala y califícala de cero a diez tomando como máximo el mejor dulce de mango que le hayas comprado a una palenquera en la puerta de tu casa. Si puntúas alrededor del 5 entonces ya sabes dónde tiene que estar y como debe ser tu producto en todas las estanterías del mismo tipo.
La imagen de una productora de mango europeo en españa. Vía www.freshplaza.es
martes, enero 30, 2007
Las Peadinas Calientes
Que no se piense en nada diferente a que una peadina es un manjar artesanal italiano. Recientemente, después de salir de la práctica de la comparsa, Mauricio nos invitó a unos llaves y a mí a comer con Lorenzo. Le dí tres vueltas al paisaje con la mirada y no ví a ningún Lorenzo, pero dijo "vamos", y "vamos" es "vamos", así que fui.
Llegamos a un sitio donde vendían peadinas calientes*; pequeño y sin mucho más que un sofá, una butaca, una mesas, y una barra. Nos dispusimos a ver de qué se trataba todo cuando Mauricio comenzó a hablar con uno de los dos cocineros. Unos minutos después Mauricio dijo que le hicieran una de búfala. "¿De qué la queréis vosotros?" dijo el cocinero.
Bueno, si Mauricio pidió de búfala, a lo mejor yo la tenía que pedir de rinoceronta o de burra, ante lo cual decidí hacer algo mejor que arriesgarme a usar un femenino raro de animal: miré la carta; por supuesto. Mientras estoy en eso escucho a Mauricio: "les presento a Lorenzo". ¡Aáah!, Lorenzo es el cocinero. "El fue quien me introdujo en el mundo de la culinaria y el buen comer" continuó el periodista.
Después de eso, todo fue tertulia, estrellas y peadinas. Estas últimas tan sabrosas que me hicieron pensar en dedicarles una nota en mi blog y ponerlas en mi lista de lugares para volver a visitar.
Quería decir la dirección y nombre del sitio pero los encargados me dijeron que era un sitio para encontrar mientras se camina cerca a la playa de Barceloneta; cuando se ve una pequeña pizzara inscrita con "peadinas calientes" solo hay que seguir la flecha.**
* Que ahora no estoy seguro si se llamaban así exactamente.
**Traducción: En la puerta no hay nombre y, si no me falla la memoria, tampoco número; así que hay que buscar con el ojo bien abierto.
Llegamos a un sitio donde vendían peadinas calientes*; pequeño y sin mucho más que un sofá, una butaca, una mesas, y una barra. Nos dispusimos a ver de qué se trataba todo cuando Mauricio comenzó a hablar con uno de los dos cocineros. Unos minutos después Mauricio dijo que le hicieran una de búfala. "¿De qué la queréis vosotros?" dijo el cocinero.
Bueno, si Mauricio pidió de búfala, a lo mejor yo la tenía que pedir de rinoceronta o de burra, ante lo cual decidí hacer algo mejor que arriesgarme a usar un femenino raro de animal: miré la carta; por supuesto. Mientras estoy en eso escucho a Mauricio: "les presento a Lorenzo". ¡Aáah!, Lorenzo es el cocinero. "El fue quien me introdujo en el mundo de la culinaria y el buen comer" continuó el periodista.
Después de eso, todo fue tertulia, estrellas y peadinas. Estas últimas tan sabrosas que me hicieron pensar en dedicarles una nota en mi blog y ponerlas en mi lista de lugares para volver a visitar.
Quería decir la dirección y nombre del sitio pero los encargados me dijeron que era un sitio para encontrar mientras se camina cerca a la playa de Barceloneta; cuando se ve una pequeña pizzara inscrita con "peadinas calientes" solo hay que seguir la flecha.**
* Que ahora no estoy seguro si se llamaban así exactamente.
**Traducción: En la puerta no hay nombre y, si no me falla la memoria, tampoco número; así que hay que buscar con el ojo bien abierto.
Correcciones: No es peadina sino piadina. Y el sitio se encuentra en carrer
de Meer de Barcelona cerca a "los cubos".
lunes, octubre 30, 2006
¿Cómo comerá mi hijo?

Parecería que desde que estoy en Europa aprendí a cocinar, pero realmente no es así. Si bien es cierto que nunca cociné nada completo en Barranquilla, y que mi especialidad es el “arroz de lo que haya”, no puedo despreciar las instrucciones que me daba la mujer quien inspira el título de esta nota. Es que mi mamá siempre estaba con el cuento de que algún día me iba a tocar cocinar a mí. Pasaron 22 años antes de que eso se cumpliera porque aunque yo lo pidiera, no me ponían a cocinar ni en mi casa ni en ninguna otra, así que nunca pasé de la teoría hasta que llegué a Barcelona.
En España, y creo que en el resto de Europa, noté el interés que se tiene por saber la dieta de los ciudadanos. Debido a que en la agitada vida de las ciudades la gente tiende a dedicar menos tiempo a cuidar de lo que come, es común ver en los informativos indicadores de crecimiento del comercio de precocidos y restaurantes. Sin embargo, si se quiere comer bien y a buen precio, lo mejor es cocinar para sí mismo, con lo cual es también muy común que los estudiantes cocinemos. Ahora bien, ¿Qué comemos? Cuando no hay tiempo, una pasta con queso puede sacarnos de un apuro; cuando lo hay, depende de la habilidad de cada uno.
Yo comencé con lo más simple: pollo y arroz blanco. Entonces entró la teoría: ¿cómo lo hacía? Pues yo no me compliqué, cogí las pechugas, las “relajé” con un solo corte a la mitad, un poco de sal y ajo picado (en ese momento no tenía el macerador), y luego al sartén apenas “sucio” de aceite, en bajito y tapado. El arroz también fue un “fuafuá”: freí el ajo con poco aceite, y luego eché los famosos dos de agua por cada de arroz, sal, fuego medio y esperé que secara; una vez secó el arroz lo “voltié”, tapé y puse en bajo para que se terminara de cocinar con el vapor. Al cabo de un rato ya me estaba comiendo un pollo chévere con un arroz blanco bacano.
Luego de aquella primera y buena experiencia en la cocina vinieron más platos: por un lado pescado, carne molida, lomo de cerdo, filetes de res, y por el otro arroz de ajo, de cebolla, de fideo (o de palito) y hasta de coco. En fin, si no fuera por la escasez de los verdaderos ingredientes, el hijo de la señora Ibeth comería realmente como en casa. Ahora bien, en Barcelona se podían conseguir muchas cosas importadas como panela o harina de maíz para arepas, con los cuales pude disfrutar de platos que me aproximaban a casa; pero siempre en la vida hay cambios y Suecia me ha obligado a seguir explorando humildemente en el arte de la cocina. Ha sido Suecia el sitio que vió nacer mi primera sopa. Con papa, pollo, zanahoria, cebolla, maíz de lata y, con excepcional suerte, cilantro fresco, pude lograr acercarme a un imaginario de sancocho. Me pasé de sal pero se pudo comer, y cuando lo repetí una semana después con apio y más pollo, mis invitados a la cena estuvieron muy complacidos y satisfechos.
Después de todo esto me acuerdo de lo que me decía mi mamá. Tenía y sigue teniendo razón al haberme enseñado algunas cosas cotidianas “del hogar”. Me acuerdo también de un compañero que me antecedió en una experiencia de estudio lejos la familia quien me decía que prefería limpiar antes que cocinar; y no me lo imagino cocinando tampoco. Disfruto hoy de las largas discusiones (a veces de semanas) con mi compañero y amigo David sobre cómo se hace el arroz blanco, quién le enseñó a cocinar algo al otro, o a quién le quedó mejor el pollo. Me río incluso del día que él se gastó unos minutos de su teléfono móvil para preguntarme como todo un ingeniero: “Carlos, ¿Cuál es el rendimiento de una panela?”.
Así que para aquellos que se preguntan que cómo como, les contesto:
Gracias a mi mamá, como en casa.
PD. Voy a ver si algún día me atrevo a hacer arroz de papa.
martes, abril 11, 2006
Una encuesta
Para todos los seguidores del carmacreativo va dirigida una encuesta. La pueden contestar abajo, donde dice comments. Solo tienen que responder la pregunta: Como es una pizza de cucallo?. Escriban como se haria y a qué sabría. Se aceptan otras sugerencias de pizzas exóticas.
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